27 ago 2026
Meta estudió reducir algunos equipos apoyándose en IA, pero los agentes no lograron la productividad esperada y parte del plan terminó siendo cancelada.
La inteligencia artificial promete cambiar nuestra forma de trabajar, pero ¿qué pasa cuando una de las empresas tecnológicas más grandes del mundo intenta llevar esa idea mucho más lejos?
Eso fue precisamente lo que puso a prueba la compañía de Mark Zuckerberg.
A comienzos de 2026 impulsó internamente Project OT (Organization Transformation), un proyecto para reorganizar su estructura y avanzar hacia una empresa más “AI-native”.
La propuesta incluía grupos humanos más pequeños, agentes capaces de asumir parte de las tareas y empleados apoyándose mucho más en estas herramientas para aumentar su productividad.
Pero llevarlo a la práctica resultó más complicado.
Según una investigación de Reuters basada en documentos internos, grabaciones y entrevistas con más de 20 personas, se estudiaron nuevas estructuras de trabajo apoyadas fuertemente por IA.
En los escenarios más agresivos llegaron a contemplarse reducciones de hasta 60% en el tamaño de determinados equipos.
Esto no significa que existiera un plan para despedir al 60% de toda la plantilla. El porcentaje correspondía a áreas y escenarios específicos evaluados dentro de Project OT.
La empresa confirmó a Reuters tanto la existencia del proyecto como que esas posibilidades llegaron a ser consideradas.
La apuesta partía de una idea sencilla: si cada trabajador podía hacer más con ayuda de agentes de IA, grupos más pequeños podrían mantener o incluso aumentar su rendimiento.
Pero comenzaron a aparecer obstáculos.
Reuters encontró datos internos que indicaban que los agentes autónomos no estaban generando las mejoras de productividad esperadas. También surgieron dificultades relacionadas con seguridad y confiabilidad.
Zuckerberg reconoció posteriormente que el desarrollo de estos sistemas estaba avanzando más lentamente de lo previsto y que algunas apuestas de reorganización todavía no habían dado los resultados buscados.
En mayo, la compañía realizó una ronda de despidos equivalente a aproximadamente 10% de su plantilla, junto con otros cambios organizacionales vinculados a su estrategia tecnológica.
Project OT contemplaba una segunda gran fase de reestructuración para más adelante en el año, pero esa parte del plan a nivel de toda la compañía terminó siendo cancelada.
Eso, sin embargo, no significa que haya frenado su apuesta por la IA.
La empresa proyecta entre US$130,000 millones y US$145,000 millones en gastos de capital durante 2026, impulsados en buena medida por la expansión de infraestructura necesaria para sus proyectos de inteligencia artificial.
Es decir, el objetivo no parece ser alejarse de esta tecnología, sino encontrar una forma más efectiva de integrarla al trabajo cotidiano.
La historia de Project OT deja una conclusión interesante: incorporar IA no significa automáticamente poder reducir personal y mantener los mismos resultados.
Incluso una compañía con enormes recursos financieros y tecnológicos sigue experimentando para descubrir hasta dónde puede llevar realmente la automatización.
Y eso nos deja nuevamente la pregunta que se hace cada vez más frecuente:
¿La IA terminará reemplazando a personas en puestos de trabajo o cambiará principalmente la manera en que trabajamos?